PUNTA PALMERAS

 

Hay un quejido en las olas

con sabor a pólvora quemada:

frío de primavera en el agua,

calor de verano remiso en la arena.

 

La luz

aguijonea en los ojos

rezumando lágrimas

de soledades y besos

al amparo de un sol flotante

que peina el compás del horizonte.

 

Y todo se funde

en el parsimonioso sonar

de la música blanca y verde...

 

Silencios

de caramelo y salitre

para amainar la sed

de los delfines que pululan

en la bahía:

carnes de porcelana o cartón

proscritas por el frío

de las mariposas vestidas de humo.

 

Luis E. Prieto

Marzo-06