Repongo
el calafateo de tu cintura
con ajorcas de cristal y cuarzo.
Ahora
que los payasos han dejado de llorar
penurias de algodón
y nubes.
He de medir
los pentagramas que me recuerdan
el olor ácido
del jengibre,
tu sexo profundo,
la melancolía
de tus palabras
con sabor a pan y a misterios.
Y cuando lleguen
los parásitos de la noche,
cuando la luz
se disipe en la distancia,
saber
de orgasmos vacíos
o reprimir la voz
para acallar el llanto sutil
de las mariposas perdidas...
Luis E. Prieto
Septiembre-06