Se va la vida
a zarpazos
descapullando el dolor de un misterio
que se defiende de ser
natividad en sueños de azafrán y cobre.
Y el valor
se torna suspiros de noche callada,
palabras que siegan
un futuro de sonrisas y lloros,
preguntas
acechantes
que desvirgan la calidez del día,
logaritmos sensibles
que barruntan interrogantes de miedo.
Una luz
de ciénaga rosa
desparrama su fulgor caliente
en los rincones donde la voz escupe
la soledad
de las caricias vestidas de domingo.
Se va la vida a vivir
otoños de lunas añejas y soles obtusos.
Luis E. Prieto
Mayo-06