Si la voz ya no retumba
habrá que rebuscar dolores y silencios
en los escondrijos donde la pasión impera.
Asimilar el miedo
a los fantasmas ocultos en los colectores
en los que los detritus
hacen balance de ilusiones perdidas;
repescar el celibato
del amor que se esconde en la nada
para recomponer el odio altivo;
definir el corazón de los ángeles
cautivos entre las basuras de celofán roñoso
que se amontonan en los cortafuegos oscuros.
Y así
palpar que el dolor
se viste de soledades y grises,
y que nada fertilizará las lluvias
que cosechan sueños de caracolas
gigantes: retener
el recuerdo de los días
que se inmolaron en los cementerios de sangre...
Luis E. Prieto
Febrero-06