Soy el bosque,
la herida roja por donde la tierra
proclama su paciencia de siglos,
la tempestad
que irrumpe en el asfalto
cabizbajo de las ciudades.
El canto vagabundo
que lame las fangosas cicatrices
de los tránsfugas del miedo,
el irremediable síndrome
de la palabra altiva
trasnochada en las lumbres
de la guerra.
La sed
de los cañones sin balas,
el porvenir
de las mariposas moribundas
en la incerteza de las olas,
el camino
que se desdibuja en la distancia:
el bosque
que reclama
su tributo vacío.
Luis E. Prieto
Agosto-06