Gatos verdes
aposentados en el quicio del delirio
maúllan contra el aire:
solo la basura
anatemiza la paranoia del fracaso,
el absurdo
que se convierte en cuna de rapsodas.
La voz
ha seguido caminando lenguas
más allá de la mentira,
ha recogido las tercas sementeras
de la palabra dulce,
de la senda clara,
ha fertilizado estiércoles en rojo
desde la negritud
del silencio estéril.
La voz ha llorado la vergüenza de la noche
en la que los gatos maullaban perseguidos
por fracasos vestidos de recreo.
Al fin
la noche es vengadora de puñales
entre sangres malheridas por la rabia.
Luis E. Prieto
Julio-06