ACASO

 

Descansa el siroco

en los hombros dormidos de la noche:

anestesia

con la que redescubrir

un cielo preñado de “acasos”.

 

Me he zambullido

en los excrementos del terror

con los párpados cansados de nubes;

en el vacío

de las madreselvas marchitas,

en la soledad

de los números indescifrables

a la búsqueda insidiosa

de la palabra caliente.

 

Acaso me habrá redimido la luz

del dolor agudo

que rompe las piernas.

Acaso me resarcirá la sed

del sabor ocre

de las taquicardias nocturnas.

 

Acaso.

 

 

Luis E. Prieto

Mayo-07