He disfrazado de agua
la ceguera
para ver el olor de
los sabuesos
que buscan cadáveres
proscritos
por los rincones del
aire.
Aprendí
del mar
a recorrer
los ocultos ojos de la
noche
en pos de las palabras
mudas:
renuncio
al sabor
del
verano
para que el invierno
fecunde
las lágrimas
impotentes
de las princesas
sumisas.
Solo resta adivinar
cómo el oscuro
podrá convertir en
azul
el corazón cansado del
poeta,
cómo
declinar dolores y
fantasías,
cómo hacer estéril
el dolor del tiempo,
que pasa
dejando cicatrices en
las olas.
Adivinar por qué ya no
sirven los disfraces...
Luis E. Prieto
Junio-07