A veces el
miedo se agarra en los entresijos de la vida y deja un sabor de acero húmedo
caracoleando en los alrededores de la noche.
Temor a que
los fantasmas sigan caminando agazapados en los interiores altivos, angustia de
no poder predecir las veredas oscuras, perversión de sonrisas en las
interrogaciones del monstruo silente.
Es entonces
cuando el hueco se hace impreciso, y las hormigas rojas te recorren las carnes,
atenazadas por lo imprevisible. Es entonces cuando lo cotidiano se torna
extraordinario y lo extraordinario se vuelve rojo pasión, o rojo sangre.
donde el
sabor de la nada
se hace
merienda de dioses
sin
nombre, donde el vacío
se vuelve
prisionero de las lágrimas,
donde el
amor duele
porque se
torna ausencia posible.
A veces el miedo supura temblores de noches calladas, asesina caricias, revuelve la paz de las horas.
Incógnitas
ciegas que repican canciones que han querido olvidarse entre azules: paradigmas
de frágiles hojas azuzadas por vientos que hablan de muertes y vidas.
Luis E.
Prieto
Septiembre-07