Camarada del
aire:
hay un nudo
entrelazando
los ojos de la niebla
que asfixia.
Apenas los
negros caballos han dejado de relinchar
cuando el
miedo se hace patíbulo de silencios,
y la mirada
tiembla acomplejando el espacio dolido
que los
alacranes han ido merodeando hasta el hastío.
Camarada:
se han abierto las calles
y la luz va
acariciando el túnel
del espanto.
Ahora solo
pervive una herida honda que rezuma
gotas de
dolor callado, perfume de madreselva roja,
y un
columpio donde se tambalea el dolor antiguo
haciendo fonambulismos de pirata loco con la muerte.
Camarada sin
ojos:
redime el olor
de las
mañanas que ríen
a la noche.
Necesito tus
manos de abedul
para vencer
al Minotauro
que anda
escondido en la sombra gris
de las
sonrisas:
dame tu sed
para darte
mi miedo...
Luis E.
Prieto
Octubre-07