DIJISTE

 

Entonces se decapó la niebla...

 

Los prófugos

que merodeaban los abismos

se hicieron de sombra y sal,

y resucitaron los cuervos del hambre

para despojar las lágrimas

acunadas en las hendiduras vacías

de las manos.

 

Dijiste:

“eh aquí la voz

que nunca calla...”

 

Y solo la luz

supo de los habitantes misteriosos

del estío.

 

Risas funerarias

jugaron a hacer muecas ilustres

a los corales y las olas;

inútiles arpegios

fueron corrompidos por la noche;

anacoretas de oasis

pintaron sus silencios en el agua.

 

Dijiste:

“eh aquí la fe

de los espejos...”

 

Y se esfumó la voz en el poniente.

 

Luis E. Prieto

Enero-07