ENTONCES

 

Dispongo

del laberinto del Minotauro

para recuperar el aliento de los dioses.

 

He caído

en las grutas donde los hombres se refugian

del dolor y el odio

aquilatando soledades

al pairo de las estrellas vagabundas

que recorren los caminos azules.

 

No debo recurrir

al lamento de los pájaros, ni al sollozo

de los malabaristas del pánico:

el amor

siempre resurgirá entre las cenizas

del miedo.

 

Acaso

los aullidos de los perros de presa

que cabalgan con las olas

de la nostalgia

sean capaces de disfrazar

el paradigma oscuro de las voces perdidas:

entonces levantaré

el puño crispado en la penumbra del deseo.

 

Entonces cesará el viento caliente

y la noche se hará día.

 

Luis E. Prieto

Julio-07