Esperé que
el otoño
redescubriera
avenidas sin lluvia
donde el
barro
no lastimara
recuerdo de nubes antiguas:
esperé
que las bocas
no encontraran heridas
de viejos salones preñados de
odios,
de besos manchados, de estiércoles
huecos.
Pero las
lágrimas no sirven jamás
para abonar
soledades perdidas en lutos,
o encender
la memoria con teas ardientes
convertidas
en llanto de noches:
lunas
hambrientas de días
que devoran la paz de los
iris
entre arrumacos de besos y
flores,
rapsodias distantes de besos
inútiles.
Esperaré que
el estío
convierta
sollozos en cantos de olvido,
pasados
torcidos en besos leales,
ausencias en
luces,
silencios en
lanzas aladas.
Ojalá que la
noche se torne vivero de oasis...
Luis E.
Prieto
Octubre-07