Descubrimos las fronteras
entre el dolor y el miedo:
la voz
se hizo huella de cóncavos silencios
en el rincón oscuro donde se ocultan los ojos.
Los gorriones
se estremecieron en el viento desolado
cuando los remolinos se tornaron grises;
las medusas
recolectaron el veneno de las sombras
agitando los tentáculos de la sangre;
las hormigas
dibujaban círculos concéntricos
perdidas en la niebla de la noche.
Dolor impotente
contra el dios deforme y disfrazado de eunuco,
miedo añil
en el territorio estéril
por donde gimen las impotencias.
Lágrimas de celofán
para el amor que sufre
la tortura de los días.
Fronteras entre el dolor y el miedo vacíos
con los que parapetar la luz
que se diluye en la nada...
Luis E. Prieto
Mayo-07