Cuando se hunde el suelo
un pájaro se quema en la penumbra
de las risas.
Rabias
de un dolor que se humilla en los entresijos
del negocio abierto, soledad
del corredor de fondo que no avista la meta,
injusticias pintadas de abrazos solidarios
para damnificar las calles
donde se seguirán pudriendo los mendigos del aire.
El dragón polivalente
hociquea con sus burlones ojos
los resquicios por donde el placer
se columpia con su boca pintada de azul:
el dragón
no dejará que las rosas
se despojen de pétalos ajados
antes de devorar los orificios del lujo.
Nada podrá exorcitar al monstruo,
nadie ha podido aún defecar en los murallones
donde se trafica con el sudor y la escarcha,
jamás el dragón ha vomitado silencios tardíos
antes de cobrarse la última gota de nube.
Luis E. Prieto
Noviembre-07