Has andado jugando con lo negro
mientras que las salamandras hacían sus nidos
con la saliva del fracaso,
devorándote cansina
en las luminarias oscuras de la tarde.
Ya casi no reconoces
cuando el amor te saluda
en las noches de poniente oculto,
ya casi ni reír puedes
cuando en las madrugadas
tu sexo se hace de fuego y carmín,
ya ni futuros despiertas
desde las lágrimas que el miedo recibe
en los murallones donde el dolor se refugia.
Levántate y anda: el dolor
no debe guardar memoria de la aurora,
los ojos
no deben divisar las noches lúgubres
en las que la boca musitaba silencios,
las horas
no pueden guardar el tacto fatal
de la muerte sucia.
Levántate y anda: la princesa azul
no debe olvidar que existen los oasis...
Luis E. Prieto
Diciembre-07