LLEGADA LA HORA

 

Es llegada la hora de los alcaravanes,

de los glaciares que se derrumban

en la desesperanza de un sol

sin patrimonio.

 

Es el tiempo

de que las palabras

atraviesen, como dardos agudos,

el tibio deslumbrar de las sangres

olvidadas en el recuerdo, la fe

de los prestidigitadores

que descubren conejos en sus chisteras,

de que las alegorías

se hagan lanzas de lluvia y pan.

 

De recordar que solo las pistolas

se engatillan en el negocio de las lágrimas,

que las serpientes

nunca dejarán de arrastrarse en el lodo

por más que las deslumbren

los hijos pródigos

que retornaban del combate cansado.

 

Es la hora de decir

sigo siendo catecúmeno

de luchas, esperanzas y caricias...

 

(Y de no repatriar los tercos desafíos)

 

Luis E. Prieto

Enero-07