NADIE

 

Cornada de rinoceronte herido

en la espalda de la carne.

 

El corazón se arruga

entre lágrimas opacas

y salamandras atónitas.

 

Hay un cadáver diminuto

ronroneando el corazón de las estrellas

mientras el tiempo se rompe

en mil cristales convexos.

 

Amarillos y pardos

van sorteando las vetas de la rabia

en una procesión de luces

sin futuro:

                 y nadie

                     osa sellar

                         los ojos

                             de los días.

 

Nadie solloza

en el miedo ocre y marrón

de las soledades del agua,

nada interrumpe

el suave latir

de las noches en que la vida se torna de nieve

y las tardes en pozos vacíos.

 

Nadie: el rinoceronte tuvo que rendirse...

 

Luis E. Prieto

Mayo-07