NUNCA SABRÁS

 

(para ti)

 

 

Nunca sabrás

que la soledad te cercena los ojos

rodeándote de concubinos grises.

 

(Hay tiempos de poniente,

y tiempos de calmas enfurecidas

en el silencio de las rocas)

 

Han vuelto las calaveras

a desbordar las cuencas vacías

con los gusanos del invierno.

 

(Los ecos del ocaso

no saben de caracolas antiguas

ni de paisajes futuros)

 

La voz,

que siempre creyó en la lluvia,

se ha quedado estéril.

 

(No hay mansedumbre

para el frío:

solo silencios)

 

Me sobrevivirá la noche

con su luna de manos calladas;

me redimirá el triste amanecer

de lo imprevisto...

 

 

Luis E. Prieto

Febrero-07