Regusto de
nubes
en las alas
heridas de un deseo
que busca
horizontes.
El caimán
sigue
dormitando en el lodo
a la espera
de que el amor se acabe.
(Ya sabías tú que las lágrimas pueden fertilizar los ojos hundidos del miedo catapultando barbechos de siempre sembrados, y que, en ocasiones, es imprescindible el dolor para que el beso sepa a azúcar recién descubierta.
Ya sabías
que los pactos de muerte solo se sellan en el interrupto
cavilar de la negrura)
cómo dimensionar
los ojos perdidos
en aquellas
lágrimas de caramelo azul,
para qué
dibujar las manos
en las
arenas que se lleva el mar en sus resacas,
dónde
esconder
los lirios
de los estanques solitarios
que
guardabas ocultos para la muerte.
(Ya sabías tú que todo dolor tributa futuro, y que el futuro existe aunque se muera la noche)