Es
tiempo
de
sortear los precipicios
donde
se ocultan los bajíos de la noche,
de
retomar el discurso
de
los ángeles vestidos de soldados
con
pólvora y azufre,
de
reconducir
los
altos paralelos del grito tenue,
de
la lágrima traviesa,
para
redondear la suave brisa
del
amor estéril.
Tiempo
de maldecir para soñar
cadáveres
refugiados en las tardes
de
soles altivos,
de
recorrer
el
espacio que separa el atolón
donde
naufragan
casi
todas las sonrisas vacías
antes
de retomar la mueca sucia,
de
vomitar azules
para
que los grises, marrones y verdes
no
ocupen los mares sin olas
en
una confabulación de dudas.
Tiempo
de resucitar la luz
que
se quedó dormida en los oasis...
Luis
E. Prieto
Julio-07