Las horas se agazaparon en una espiral de negros: lágrimas secas para un tiempo que dibujaba muertes sin sentido.
tiempo contra tiempo
dolor contra risas
presente contra futuro vacío de rosas.
Un torbellino de recuerdos agolpándose en los intestinos, vomitando promesas de chocolate rancio, recolectando agujas sin sangre ni caricias.
tormenta que asola
el corazón perdido de los besos,
lujurias
que se paralizan
en los toboganes del amor ausente:
terror
de la carne huera,
de la piel que se resquebraja
yerma de luces.
El monstruo había mordido, sigilosamente, el azul, para retomar marrones y grises con sabor a tumba, y los ojos se hundieron en la concavidad difusa del silencio disfrazado de promesas, ahíto de preguntas sin respuesta, de signos vagabundos en la niebla.
las manos, entonces,
recorrieron los confines del cariño
aunando voces escarlatas
en un ulular
de claveles colorados: hombro a hombro
acorralaron el sonido lúgubre
de las campanas de muerte
con el poder de la vida.
La luz se dejó ver entre las tripas de las máquinas y los fotones rasurando un espacio sin carcomas, fotografiando hormigas gozosas dispuestas para luchar y vencer al dios sin cara.
Y todo se volvió verde, reajustando el valor dormido de la esperanza...
Vendrá la lucha, pero sabremos que hay lugar para el tiempo y el espacio, y que las manos entrelazadas siempre vencerán al monstruo silente de la voz bronca vestido de brumas.
Luis E. Prieto
Mayo-07