DIGERIR
Digerir
el sopapo blasfemo en la memoria
de los dioses de barro,
es rememorar
los tiempos del cólera y la peste:
saber
que todo permanece cuando todo se recicla,
que la voz
casi siempre se estanca podrida en la garganta.
Los dioses de barro son falaces
pero sirven para asesinar la punta de los días
amarrados al cómputo de un tiempo
que castiga con horrores
el peso cruel de los silencios.
Silencios disfrazados de barítonos
roncos de pervertir el hambre de la luna
con promesas de algodón y rosas:
duendes que se visten de mendigos
para atracar la luz
del caos
inútil.
Prostitutos
para digerir las tardes obsoletas
en las que el amarillo es el rey de los confines…
Luis E. Prieto
Octubre-08