CHANTAJES
Me chantajea el tiempo perdido,
el que no se encuentra
en el corazón o en los ojos
de la lluvia.
Las horas restan episodios
en un espiral de dudas:
sombras
que se derriten
en lamentos indolentes
de los labios al borde de la herida.
Las muletas ya no ejercen de decoración estéril: ahora se desquitan en los minutos inmensos recordando que son necesarias para correr caminos difíciles.
Y un viento callado –vestido de azul y grises- se entremezcla por los rincones de los dedos desdibujando polvos de mar y arenas.
No hay más herida que la sangre
que se enlentece en las arterias,
ni más indolentes lamentos
que los que se coagularon
en los sueños del poeta feliz,
ni más poetas oscuros
que los que enmudecieron sin flores
ni palabras...
Chantajes para la edad del cansancio y la espera.
Chantajes para la vida que se diluye.
Luis E. Prieto
Enero-08