RETAGUARDIAS
He andado caminos de la noche
en la retaguardia
donde todos los cadáveres marchaban
en silencio.
Viejas estampas de jóvenes altivos
invadían
los surcos de mis ojos
dejando cadencias de pólvora y azufre
en las grietas de mis manos.
Reflejos
que el tiempo ha convertido en cenizas
con regusto a muerte:
salazón
de cuervos putrefactos teñidos de promesas
incumplidas por la sangre;
deslices
de cuerpos bañados en sepulcros
al borde de un juego de fortuna
donde la vida presume de añoranzas o pecados.
Retaguardias al fin
para descabezar el miedo al vacío,
para recomponer
la soledad,
para disimular el olor a fango y a mareo
que se aloja en las uñas y en el iris.
Luis E. Prieto
Enero-08