HERIDO
Herido el cuerpo
con nubes de pólvora invisible
-años de luz y sombras-
se rebela en el dolor de las incógnitas.
La muerte
es un reloj sin horas ni minutos,
un zafiro
que se pule
desgastando
la luz de las caricias.
Porque solo la vida recoge las penumbras
de los pájaros cantores,
solo
el fuego es útil
para recomponer olvidos de olas superpuestas,
solo la voz
recostituye blasones de miedos que se ríen
de las tumbas y las carnes.
Al final
-herido el cuerpo, acosada la esperanza-
el gris invade los espacios
del futuro; y el presente se torna vacío
de tanto recorrer rincones sin mareas.
Al final
el miedo paraliza el alma de los días.
Luis E. Prieto
Septiembre-09