Tu Poema del Mes

 

EXTRAVIADA

Me perdí en la letal nomenclatura
de tus calles honestas y terribles.


Qué monótona angustia de ladrillos
decorados de tizne y de silencios.
Y qué exacto ajetreo laborioso
movido por relojes invisibles.
Hasta los cuadros de verdor tenían
no sé qué de violento en tus jardines,
malolientes cloacas del trabajo,
ciudad no para el hombre y la mujer

-carne y alma-
sino para termitas laboriosas.

 
En dédalo de tanta simetría
de infatigable movimiento triste,
soñé tender un poco de descanso,
un cielo sin perfiles
exactamente calculados, tensos,
observándose en ángulos difíciles.
 
Soñé en depurar las estaciones
dejando solamente
primaveras y veranos.
Soñé en desordenar las aves y las flores
y hacer un carnaval de nuevos cantos
 
Soñé... Bordaba el ocio
rosas de luz en las paredes grises.
La procesión solemne de tranvías
transportaba las canciones.
Las fuentes, olvidando su mecánica,
proyectaban inéditos esguinces.
Eran las calles profusión alegre
de ingenuos colorines,
con saludos al borde de la acera
animada de cálidos pregones:
-¡Flores¡ ¡Globos¡ ¡Confites¡-
Campanitas sonoras convocaban
almas radiantes y almas en eclipse
entre el bello desorden de la vida,
fácil en apariencia y tan difícil.
 
Soñé...
Pero, de súbito,
me sacudió, sin misericordia, un timbre.
Y volví a la cuadrícula inhumana
en la ciudad febril de las termitas.

 

LEÑADOR

(para Luis E. con cariño como regalo navideño)

 

A bosque sin rencor huelen tus manos.
Sangre de pino lubricó tu acero
triunfante en la batalla por la tierra.
En el calvero,
plaza al infinito,
surge astillado pedestal que llora.
 
Qué pronto olvida la mañana el agrio
quejido del titán al desplomarse.
Los helechos se asombran de caricias
solares.
Simientes no nacidas
calientan su esperanza.
Tras el brusco silencio, cuelga un trino
sus notas en el aire
y empieza el musgo a restañar heridas.
 
Ásperas y potentes, descansando,
tus manos se detienen;
recogen tu sudor en rito lento,
antiguo como el hombre,
y de pronto se inclinan suaves, tiernas
sobre el milagro de una flor silvestre.

Gema E. Merino

EEUU-México

gemaemerino@yahoo.es