PASAN
De nuevo el duelo,
peón de toda una vida
que no queda por vivir...
Cómo pasa...
Con el afligido despertar de un holgado pastor
que mira su tropel
y lo detesta;
malabarismos y hacienda.
He deseado tantas veces tu vuelo,
cosechador de gérmenes en mis abstracciones.
He decidido pasar de largo
ante el día a día que pasa.
Pasa el güisqui y pasan los hielos...
Pasa el trombón sin oír la trompeta
y acabada la función
pasan los músicos a drogarse.
Y se pasan el pico y la amargura
de todo cuanto no han tocado.
Pasa el buenos días
y el buenas tardes
y como era de esperar...
el buenas noches también.
Pasan de largo...
Pasa la chaqueta ajustada
cuando se rasga
y pasa al violador.
Pasa cada calle y cada fantasma,
cada meada de perro,
en cada rueda de moto
que quizás resbale y mate a tres personas,
cada sulfato merecedor de noveles
cada suma merecedora de apremio,
cada resta pasa
por el banco...
Pasan los dolores de estómago y los ilusionistas,
pasan las palomas
de su sombrero a su brazo,
pasan del cielo...
... apenas ya saben dónde está...
Yo tampoco;
¿Dónde está el cielo
que pasa como de costumbre
una vez estrellado
y otra como clara de huevo
y otra como carbón restregado en el papel
y otra como una lágrima eviterna
y otra como un despojo del alma
y otra como la tristeza del charco en el suelo
y otra reflejado en el estanque estancado
donde los sapos moran y pasan de nenúfar en nenúfar
y de nenúfar a lata vacía,
a visera de ciclista despistado
a cuerpo inmóvil bajo el agua
a las algas enredadas en su pelo
a tierra desheredada del suelo
a ranas que no quieren ser copuladas,
a marionetas que se perdieron de los dedos de un niño?
Pasan las nubes...
y mañana también pasarán...
viejos poemas recuerdo;
poemas que hace mucho
pasaron por la descuartizada providencia
alojada en mis oídos sellados por resina
respirada por los poros del sufrimiento
confinada a mis dedos
y mis dedos confinados a unas manos
pletóricos del mismo azar
que destrozó aquel poema...
Maldito poema...
Maldita evocación de la memoria...
Malditos pasadores en el pelo
de estúpidas mujeres pintarrajeadas
como serpientes y su veneno
como arco iris mortecino
como ilusión y castigo
como verdad y verdad
y verdad...
Maldito desdén que pasa
rozando las cabezas de los espectadores
aterrorizados por la visión del mal
en un puño que golpea
y un rostro que recibe
y un organismo que cae
y una ambulancia que no llega a tiempo.
Maldita serenidad acomodada
en la tercera fila...
Malditos ronquidos de la desidia.
Fragilidad de piedra...
de nuevo un poema;
nada más alejado de mí
que yo...
único de mi especie,
capaz de conmoverme,
solo cuando sólo yo milito...
La crueldad en que reparan los monstruos
del más puro antagonismo;
diluidos en gasas de hospital
en colirio para los ojos pintados de antes,
en bombonas de butano
portadas por ángeles negros...
Creo que ahora mismo he terminado de pasar
el inmundo raciocinio de los discernimientos
al desplazado, también, papel de seda sobre la mesa.
He gastado algo de lápiz,
pero no importa...
Tengo cientos de lápices;
aguardan en cualquier grafo de nostalgia
acudido a mí desde los pasos que cesan
y los gritos de espanto susurrados al oído;
de cuando no haces más que pedir ayuda
y nadie consigue escucharte...
De cuando escribes hasta que alma sangra
y nadie es capaz de sentir qué sucede...
De cuando almaceno dolores
en esta hoja,
que mañana habrás olvidado.
Jorge E. Segura MarfilEspaña