"TU POEMA DEL MES"
ÍNDICE
TU POEMA DEL MES
Noviembre-2000:
Giro en tres sesenta - Alejandro Pérez Sánchez (P.R.)
Diciembre-2000:
Librémonos - Pablo Mora (V)
Enero-2001
Resumiéndote - Hera (E)
Me he despertado - Marta Beatriz Ullua (A)
Sufrir - Diego Cruz (E)
Febrero-2001
Por tantas cosas - Victoria García (E)
Alejandro - Carlos Cartolano (A)
Mayo-2001
Poema vasto - Susana Duro (A)
Junio-2001
Participios - Dani Prieto (E)
¿Qué me queda? - Enrique Martínez (E)
Julio-2001
Suposiciones infundadas - Ricardo Martínez Cantú
(M)
Lluita - Anna Aguilar-Amat (E)
Agosto-2001
Rayo al porvenir - Santiago Calleja (E)
Sur - Karen Maseberg (A)
Septiembre-2001
Aún - José A. Román Andrade (E)
La otra orilla - Carmen Hernández (E)
El momento perfecto para morir - Denise Monti (M)
Profecía de un ocaso - Sergio Letelier (Ch)
Octubre-2001
Nacimiento de las leves criaturas - Manuel Lozano
(A)
Poética celeste - Genaro Ortega (E)
Días de gelatina - Yoe F. Santos (R.D.)
Lágrima negra - Rocío Tame (M)
Noviembre-2001
Amor mixto de miedo y coraje - Jane Botti (B)
Algún día - Mª Luisa Sánchez-Chávez (E-USA)
Tengo - Suso Ermida (E)
Muchacha de Ploska - Ana Mª Torres (E)
Diciembre-2001
El sur de mi piel - María Manetti (A)
La locura de soñar - Rosa Castells (E)
Poema XXIII - Adriana Serlik (A-E)
Poemas en A, B, C - Alicia Belloso (A)
Reportaje liviano - Alejandro Margulis (A)
Enero-2002
Me borraré de ti - Lola Beltrand (E)
Oración - Beatriz Alicia García (V)
Pasan - Jorge E. Segura (E)
Interrogante - Adriana Agrelo (A)
Violeta y el tiempo - Ana Mª Martínez (A)
Febrero 2002:
Carta de um passajeiro... Ozias Filho (Pt)
Carta última de un viejo... Rodrigo Flores
Sánchez (Mx)
El asalto Débora Milocco (Ar)
En realidad Igor Cruz Villatoro (Mx)
Re-tener-te Mariel López (Ar)
Marzo-2002
Metales en el aire - Sandra Aloisis Ruggero (Ar)
Voy soñando - Araceli García (Es)
Inevitable - Marisol de Macedo (Ve)
Siluetas nocturnas - Laura Celani (It)
Poema VIII - Alonso Noriel (Cr)
Abril-2002
Vestida de Madre - Beatriz Victoria de Marquis
(Ar)
Tiembla la oración - Rosa Castells (Es)
Correspondencia - Sylvia González Mateo (Uy)
Posología - Rogelio Ramos Signes (Ar)
¡Va por ti, maestro! - Lola Beltrand (Es)
MAYO-2002
Autopsias - Santiago Bao (Ar)
En complicidad - J.A. González-Cantú (Mx)
Extraviada y Leñador - Gema E. Merino (EEUU-Mx)
Los ecos del exilio - Mª de la Fé Álvarez (Es)
Madrid - Álvaro Morales (Es)
JUNIO - 2002
Borrador - Elena Román (Es)
Escrito encontrado en... - Beatriz Alicia García (V)
Nocturno en blues - Juan Antonio Molina (Es)
Intento - Enrique Caballero (V)
Surge mi luna - Ignacio Pérez Argüelles (Es)
EXTRAVIADA
Me perdí en la letal nomenclatura
de tus calles honestas y terribles.
Qué monótona angustia de ladrillos
decorados de tizne y de silencios.
Y qué exacto ajetreo laborioso
movido por relojes invisibles.
Hasta los cuadros de verdor tenían
no sé qué de violento en tus jardines,
malolientes cloacas del trabajo,
ciudad no para el hombre y la mujer
-carne y alma-
sino para termitas laboriosas.
En dédalo de tanta simetría
de infatigable movimiento triste,
soñé tender un poco de descanso,
un cielo sin perfiles
exactamente calculados, tensos,
observándose en ángulos difíciles.
Soñé en depurar las estaciones
dejando solamente
primaveras y veranos.
Soñé en desordenar las aves y las flores
y hacer un carnaval de nuevos cantos
Soñé... Bordaba el ocio
rosas de luz en las paredes grises.
La procesión solemne de tranvías
transportaba las canciones.
Las fuentes, olvidando su mecánica,
proyectaban inéditos esguinces.
Eran las calles profusión alegre
de ingenuos colorines,
con saludos al borde de la acera
animada de cálidos pregones:
-¡Flores¡ ¡Globos¡ ¡Confites¡-
Campanitas sonoras convocaban
almas radiantes y almas en eclipse
entre el bello desorden de la vida,
fácil en apariencia y tan difícil.
Soñé...
Pero, de súbito,
me sacudió, sin misericordia, un timbre.
Y volví a la cuadrícula inhumana
en la ciudad febril de las termitas.
(para Luis E. con cariño como regalo navideño)
A bosque sin rencor huelen tus manos.
Sangre de pino lubricó tu acero
triunfante en la batalla por la tierra.
En el calvero,
plaza al infinito,
surge astillado pedestal que llora.
Qué pronto olvida la mañana el agrio
quejido del titán al desplomarse.
Los helechos se asombran de caricias
solares.
Simientes no nacidas
calientan su esperanza.
Tras el brusco silencio, cuelga un trino
sus notas en el aire
y empieza el musgo a restañar heridas.
Ásperas y potentes, descansando,
tus manos se detienen;
recogen tu sudor en rito lento,
antiguo como el hombre,
y de pronto se inclinan suaves, tiernas
sobre el milagro de una flor silvestre.
Gema E. Merino
EEUU-México