Tu Poema del Mes

 

REPORTAJE LIVIANO

In memorian 11/9/01

 

Recordarás,

supongo,

que se llamaba Gerson Vaidergorn;

que lo encontramos a bordo

del lento crucero

y que yo tomé notas

del diálogo increíble

que suavemente mantuvimos.

 

Primero

quiso saber nuestro estado

civil,

si éramos casados y todo eso;

después

nuestra profesión,

harto evidente.

Recordarás,

supongo,

que habló del best-seller posible

que ese viaje podría darnos

(como material inspirador)

porque con las historias de cada pasajero,

dijo,

se podría escribir una exitosa novela.

Recordarás que él recordó

entonces

una charla que había tenido en San Pablo

con un amigo ya fallecido

lamentablemente –de infarto,

esas cosas de la vida y de la muerte,

dijo-

con quien pronosticaban el futuro

de sus hijas.

Y dijo que también había habido una mujer allí,

en San Pablo,

periodista ella,

dijo,

que lo escuchaba todo

(como nosotros ahora).

 

Tres veces le preguntamos a Vaidegorn

cuál era su trabajo:

cuál es su trabajo cuál es su trabajo cuál es su trabajo

pero en vez de contestarnos él,

tan judío él,

repreguntó lo que realmente

secretamente

más le interesaba saber:

cuál era nuestra religión.

JUDIOS dijimos

aunque no religiosos

ni tradicionalistas.

¡Ah, yo también soy judío!

¡Y también las chicas!,

 dijo,

mostrándonos dos bagallos

de aquellos

con una espléndida sonrisa.

Después relató brevemente su vida

todo un sentimiento judío hecho carne,

recordarás,

no sin confesar que él había percibido

inmediatamente

que nosotros dos éramos de la tribu.

 

Inútil nos pareció

decirle aclaratoriamente que ambos

estábamos casados,

pero sin embargo también debió percibirlo

porque ya sin ninguna complicidad

aunque amable

él nos preguntó de repente

(como cambiando de tema)

 

¿DÓNDE VAN A SER ENTERRADOS CUANDO SE MUERAN?

 

No sé porqué

ya que la muerte no había sido

uno de esos temas

que consideráramos interesantes

después de mirarnos le dijimos

(¿o fui yo solo?)

en un cementerio judío claro.

¡Ah!, dijo Vaidegorn con solemne arrobamiento,

Nacer y Morir Eso Son Cosas Fundamentales

lo demás

es cosa superficial.

 

Fue gracioso.

 

Después,

después Vaidegorn nos pidió

que no publicáramos su foto

ni su nombre

si la nota era para ser publicada en el Brasil

y sin siquiera escuchar nuestra promesa

volvió obsesivo al tema

de los matrimonios

al futuro de los hijos nuestros

al destino inevitable que les esperaba: ser judíos

porque eso, dijo, ser judíos,

se lleva en la sangre.

 

¿Y si sus hijas se casaran con un goy?

Ah, bueno, claro, sí, eso,

dijo,

sería distinto

pero él igual lo aceptaría

no con placer es claro

pero sin más remedio.

Porque aceptarlo mal o aceptarlo bien,

dijo,

sería lo mismo

ya que de todas formas

rió

eso nunca ocurriría.

 

El escándalo cantó entonces

su copla:

Ahí está el cantor, suspiró una

de sus hijas

señalando a un hombre chueco

de saco dorado

que había subido en ese preciso momento

al bar de la cubierta

del lento crucero.

¡El es judío también, eh!,

dijo Vaidergorn,

los ojitos bruscamente neutrales

detrás de los anteojos.

Se pasó una mano por la calva arrugada

cruzó una pierna sobre la otra

tremendamente incómodo.

Y como no era cuestión de mortificarlo

porque,

recordarás,

estábamos haciendo un reportaje liviano

sencillamente no

le quisimos decir

que el cantor era musulmán.

 

 

Alejandro Margulis

Argentina

alejandromargulis@hotmail.com