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Tres relatos hiperbreves
ALDEA
Sé que los brujos del lugar, te piden que me olvides, que me extravíes en el bosque o en las ásperas olas, como si la noche de los árboles pudiera protegerte, como si fuera una barca que el mar pudiera hundir sin abrir los ojos.
Sé que lo repiten en cada rito, en cada pócima, en cada ventura o desventura.
Murmuran que cierres las puertas, que claves las ventanas, antes que amanezca, para que no te encuentre, no me cuele por la luz, no penetre por cualquier rendija a tus sueños e impidas que al amanecer esté contigo, en las palabras que pienses, en las sonrisas que enciendas, en las puertas y ventanas que abras, para esperarme.
DOLOR
De todas las fuentes que he bebido, no recuerdo otra como la tuya, por la levedad que tiene, por sus rumores de llanto.
Nada despertó mi sed como lo haces. En ninguna pude ver estrellas como en tu superficie. Nunca encontré un lugar de transparencia semejante, aunque ahora los murmullos de tu fuente brotan de invisibles desgarros, que tu hondura, de tu cristalería fina, causadas por las dudas, por tus indecisiones, sin que puedas comprender nunca las distintas formas del amor y tampoco entiendas su principio o de qué manera inventamos la alegría y la esperanza, a pesar del dolor.
ANHELOS
Si lees esto, ojalá recojas mi mensaje.
El mundo no es sombrío, ni hermético. Existe amor, solidaridad y esperanza. Algunos se sitúan en la oscuridad, pero otro, debes encontrarlos, pertenecen a la luz, habitan los sueños, entienden el amor como la aproximación a la alegría y distinguen la justicia, el perdón, la libertad.
En los instantes que el dolor nos golpea con sus látigos, cuando crees que se cierran caminos, justo en el momento que preferirías cerrar los ojos y no sentir, nunca olvides, pues en ese segundo, un ave vuela, brota una flor celeste, brilla al sol la nieve.
Julio Campos Ávila
Chile
jcavila2003@gmail.com
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